En estos tiempos que estamos atravesando como consecuencia de esta maldita enfermedad (corona-virus), y en virtud del estado de alarma decretada por el gobierno español, nos hemos visto obligados mayoritariamente las personas a quedarnos encerrados en nuestras casas.
Nunca el tiempo había impuesto su rígida tiranía con una aplastante monotonía ante la que nos ha sido imposible, a muchas personas, oponer resistencia al ser imposible escapar de los límites físicos de nuestras casas, excepto para las compras indispensables como todo el mundo. Y todo ello inundados a diario por el seguimiento informativo de la crisis sanitaria, tal vez yo diría excesivo, que para algunos ha llegado a convertirse en una obsesión.
La condena de repetir siempre el mismo tema, día a día, se ha transformado como en la película de Bill Murray, “Atrapado en el tiempo”, la marmota convertida en la maldición de una crisis sanitaria cuyas magnitudes nadie esperaba y que nos recuerda que lo más importante en la vida, es la vida misma, ésa que han perdido desgraciadamente miles de personas a causa de este diabólico virus. Con esta perspectiva, la insoportable rutina se torna incluso en sublime y terminas abrazando la bendita cotidianidad como la gran virtud que te confiere la vida.
Existe un refrán que dice: “No hay mal que por bien no venga”, y con ello en este tiempo hemos reforzado nuestra particular piña familiar y quizás mejorar nuestra convivencia, no exenta siempre de algún conflicto inevitable con tanto tiempo juntos. Creo sinceramente que este encierro ha valido para acelerar en nuestra madurez, especialmente cuando nos referimos a la cruda realidad que nos está dibujando la pandemia.
En estos tiempos si se echan en falta las ruedas de prensa presenciales de antaño, las apariciones telemáticas de los responsables políticos y sanitarios, en este nuevo formato a distancia han llegado a ser interminables y tediosas, sin la chispa de los encuentros cuerpo a cuerpo.
Atrapados en la rutina, por fin vemos algo de luz al final del túnel, con la esperanza de doblegar al maldito virus, o al menos controlarlo que ya es mucho. Y para terminar haré mención a aquella bonita frase de “KHALIL GIBRAU”, (Gran novelista): “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”
PERE SERRET BESA