Existe en la vida un refrán popular que dice: “Todo en la vida tiene un precio”, ciertamente así lo creo yo. Evidentemente, todo tiene un precio y no ha de ser necesariamente económico. En multitud de ocasiones cuando emprendemos no dimensionamos el precio que estamos pagando o vamos a tener que abonar para poder llevar a buen término la empresa o cometido en la que nos embarcamos. Nada que en verdad valga la pena se obtiene fácilmente. Es de todos el saber que cualquier cosa o ente que quieras lograr en la vida, debemos sacrificar algo para obtenerla; entre más grande sea su valor, más grande será la expiación. Si analizamos o pensamos bien, en parte solamente es gratis el aire que respiramos. Tengamos presente que cualquiera que sea nuestra decisión vamos a pagar un precio. Nuestro destino no está grabado en piedra, sino que podemos torcer nuestra vida, dando un giro de ciento ochenta grados, cambiando el grado que queremos llegar.
Nada nos obliga a seguir por un camino indeseado, las limitaciones las engendramos nosotros mismos, te las pones o te las quitas de la vía tú mismo. Desgraciadamente existe una mala noticia para las víctimas del presentismo, la idea de conseguir todo aquí y ahora sin esforzarse, es una ilusión. La verdad es que no hay atajos fáciles, la mayor es que casi todos los caminos de la vida son cuesta arriba y precisamente por esto, cuando llegamos a la cumbre, somos capaces de admirar en su justa medida lo que hemos alcanzado. Si pensamos por un momento el vivir una vida simple y sin grandes aspiraciones, lo que suele decirse, una vida común y corriente demanda un precio a pagar, el precio en este caso puede ser una vida llena de limitaciones de toda índole. Tengamos en cuenta que la falta de preparación, la falta de metas, la ignorancia, etc. a veces tienen un alto precio.
Eduardo Porter es autor del libro “Todo tiene un precio”. El precio que le damos a las cosas, lo que pagamos por nuestras vidas o por nuestros desperdicios dice mucho a veces de quienes somos. Las elecciones que hacemos vienen determinadas por los precios que se nos presentan; pero los precios están en todas partes y es totalmente necesario identificarlos para comprender cabalmente nuestras decisiones. Puede medirse en dinero, efectivo o crédito, pero los costos y beneficios también pueden medirse en términos del amor, el trabajo y el tiempo. Las vicisitudes tienen un precio infinito, no se ven, son el amor de nosotros a los demás, de los demás hacia nosotros, de la autoestima de cada uno, que no tiene que ver nada con ser prepotente, sino ser sinceros con nosotros mismos y no vivir engañados. Joseph Addison (gran poeta y dramaturgo inglés), nos recuerda a aquella frase que pronunció: “Nada que se consiga sin pena y sin trabajo es verdaderamente valioso”.
Pere Serret Besa