La ingratitud humana es un mal que se deriva de Adán. (El primer pecado del hombre), la fuente de toda maldad en él se originó en su negativa a reconocer lo bueno con lo que Dios le había bendecido. Cuando la gratitud es una precondición para la creación del amor hacia las personas, la ingratitud es el fallo que sostienen las personas para reconocer el bien. La ingratitud es tan rara, que el orgullo que poseemos las personas, la mayor parte, les acondicionaba a no explorar el bien que otro ser humano les da.
Un pasado abrupto, escabroso, etc. Una mala trayectoria, una maléfica usanza, un mal comportamiento, te va haciendo una coraza, por eso es que a veces somos tan mala gente, porque hemos aprendido de las experiencias y nos volvemos duros. Posiblemente habrán escuchado muchas veces el muy conocido refrán: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Hacer beneficios o favores a una persona ingrata, es como perfumar a un muerto. Quien no ha sido pagado con ingratitud, yo he sido testigo de ello. Martin Luther King mencionó esta frase: “Tengo tres perros muy peligrosos: La ingratitud, la soberbia y la envidia”. Cuando muerden dejan una herida profunda. Esperar gratitud de una persona non grata, nunca debe entrar en nuestros cálculos. Lo indeseable, non grato, significa literalmente sinónimo de persona no bienvenida. Es un término utilizado en diplomacia con un significado legal específico. Una persona “non grata”, es considerada no aceptable. Recordemos que el ministro Wert fue declarado persona non grata y enemigo de la educación por la Plataforma Estatal por la Escuela Pública.
¿Qué importa la magnitud de las personas non gratas y desagradecidas. Al fin y al cabo uno solo trata de hacer el bien y no de colocar fondos ni de recibir recompensas. Y como manifestó Jacinto Benavente: “Lo peor de la ingratitud es que siempre quiere tener la razón.
Pere Serret Besa