Aproximadamente un tercio de nuestra vida nos lo pasamos durmiendo. Aunque pueda parecer una pérdida de tiempo, el sueño cumple una función vital en el funcionamiento del organismo y un mal descanso afecta tanto a la salud física como a la salud mental. Hace muchos años leí que los científicos acababan de descubrir que la mortalidad por cáncer e infarto es menor en las personas que duermen siete u ocho horas. El sueño ha sido considerado, desde siempre, una terapéutica, pero cada vez se conocen mejor sus beneficios efectos sobre la salud. Dormir es disfrutar de una tregua, ensayar la liberadora muerte y ganarse el descanso eterno; pero dormir es un arte que no está al alcance de todos, según las estadísticas cuatro de cada diez personas, no duermen bien. Por lo tanto no viven bien, ya que el SUEÑO ES VIDA. Don Gregorio Marañón decía que a él le bastaba dormir cinco horas y demostró que era verdad. Don Miguel de Unamuno era muy dormilón.
Los sueños son una parte esencial de la vida de las personas, pues muchas veces es por ellos que dirigimos nuestras vidas hacia un determinado logro en concreto. Es muy normal que a lo largo de nuestra niñez y adolescencia, ideemos aquellos objetivos que más tarde intentaremos conseguir durante nuestra madurez. No todos conseguiremos hacer realidad aquello con lo que soñamos, pero sólo la idea romántica de poder conseguirlo, puede motivarnos enormemente en nuestro día a día. Aquellos hombres que han sido relevantes en la historia de la humanidad, en su momento sin duda fueron niños con una gran capacidad para soñar.
Si deseamos hacer realidad aquello con lo que soñamos nunca debemos rendirnos, en ciertas ocasiones el camino hacia nuestro objetivo puede parecernos complicado, pero si somos perseverantes al final lograremos alcanzar nuestro objetivo. La imaginación es una herramienta realmente poderosa. Una vida sin sueños es a efectos prácticos una vida sin esperanza y como se suele decir comúnmente, la esperanza es lo último que se pierde.
Los sueños pueden ser una gran ventana hacia nuestra mente, una ventana que nos brindará la posibilidad de poder adquirir nuevas habilidades intelectuales, que seguramente antes no sabíamos que poseíamos. Aristóteles siempre decía: “La esperanza es un sueño despierto·.
Una vez tengamos claros nuestros sueños y objetivos, dependerá de nosotros el trabajar por conseguirlos. ¡Con fe y dedicación, sin duda lograremos todo aquello que nos propongamos!. Y como expresó Séneca: (Gran filósofo italiano) “No nos atrevemos porque las cosas sean difíciles, son difíciles porque no nos atrevemos”.
PERE SERRET BESA