En los últimos días hemos sabido que Junts Per Catalunya, el partido de Puigdemont, en realidad no es un partido sino una coalición de partidos, concretamente de dos: CDC (Convergencia Democrática de Catalunya) y el Pdecat. Es algo que curiosamente Puigdemont y compañía habían mantenido bajo un manto de secretismo pero que tiene una gran importancia política. Ahora ya sabemos que apoyar en el parlamento catalán a JxCat es en realidad apoyar a una coalición que integra a CDC, un partido condenado por financiación irregular y cobro de comisiones ilegales. ¿Van a poner ERC y la CUP en el gobierno a un partido bajo la sombra de la corrupción y a altos dirigentes políticos como Puigdemont y otros de una Convergencia que cobraba comisiones? Quizá estaría bien que Tardá, Rufián o dirigentes ‘cuperos’ nos explicasen cómo se compatibiliza dar lecciones a todas horas contra la corrupción con el apoyo a la corrupta Convergencia.
Antonio Sanz (Lleida)