La ONU señala que el derecho de autodeterminación (diferenciado de la independencia como fin en sí misma y la autodeterminación un medio para alcanzarla) sólo es aplicable a territorios sin autogobierno y por motivos históricos (recordemos también hechos como las fronteras artificiales impuestas a África; la globalización que diluye pueblos; las identidades religiosas o el neocolonialismo económico), toda vez que causa temores de desestabilización (en la UE por ser ilegal y por la insostenibilidad con 90 o 100 nuevos estados, habiendo ya problemas con los actuales 27) y asociada a veces a posiciones extremistas o chauvinismos étnicos, teóricamente contradictorias con el internacionalismo, porque detrás de la independencia pueden ocultarse razones oscuras: el independentismo casi siempre viene de regiones ricas (Norte de Italia, Baviera en Alemania o, en parte, Catalunya) más que las pobres (Valonia en Bélgica, etc). Pero Catalunya tiene parlamento y gobierno propios, economía próspera, lengua catalana y partidos y medios independentistas permitidos, etc (todo ello mejorable) y Franco ya no está, pero realmente en gran parte es un conflicto entre la burguesía central y periférica (incluyendo loas a la misma Europa ‘democrática’ que niega la autodeterminación de territorios como Baviera, Islas Feroe, Véneto, etc). Mientras en Bolivia y Venezuela se combaten los secesionismos (éstos por economía) de Santa Cruz y Zulia respectivamente, igual que en antiguos y actuales países comunistas. Doble moral cuando tanto sectores comunistas ‘alternativos’ como de derecha tratan diferente la autodeterminación para Catalunya y Euskadi que la de Lituania, Letonia, Eslovenia, etc); o sobre la autodeterminación de la Val d’Aran y las zonas de mayoría unionista en Catalunya sin llegar a un nuevo Ulster (según Aznar, antes se rompería Catalunya que España), o el trato benigno de la identidad y cultura si viene de la izquierda, pero maligno si viene de la derecha. Preguntas que contestar.
Toni Yus Piazuelo