El pasado día trece de este mes coincidió ser “martes y trece”. Un día supersticioso para algunos. El origen de la superstición del martes trece es difuso. Algunas tradiciones apuntan a la relación entre el martes y el Dios de la guerra romano, Marte, al que se relaciona con la muerte. A lo largo de la historia y en distintas culturas, se ha asociado este valor con la mala suerte o con cuestiones de tipo venerable.
Por ejemplo, para los mayas era una cifra considerada como sagrada porque representaba las trece fases lunares. La superstición suele basarse en tradiciones populares que se transmiten de generación en generación. Esto quiere decir que, dentro de una comunidad, los ancestros que sostenían que algunas acciones (como contar con un amuleto o repetir ciertas palabras) favorecían la buena suerte o alejaban lo negativo, transmitiendo dichas creencias a sus descendientes. Muchas son las supersticiones que forman parte ya de nuestro acervo cultural o tradición. No obstante entre las más significativas se encuentran las siguientes: Un gato negro, derramar sal, pasar por debajo de una escalera, levantarse con el pie izquierdo, vestir de amarillo, soplar una pestaña, tocar madera, si te pitan los oídos, cruzar los dedos, herradura de buena suerte, etc. etc.
De todas formas, no siempre forma parte de un cuerpo mayor sino que puede ser para algunos una creencia aislada. Todo esto puede parecernos más o menos pintoresco y generalmente inocuo. Pero, ¿es realmente así?. Ser crédulo no acarrea consecuencias gravosas. Las supersticiones son creencias que atribuyen efectos de buena o mala suerte a ciertas acciones, sucesos y cosas. Al creer en la superstición, la persona atribuye una relación causal entre acontecimientos a una fuerza sobrenatural. Por ejemplo: Un supersticioso puede creer que un gato negro trae mala suerte y si se cruza con un animal de este tipo en la calle, preferirá retroceder. Nada prueba, por supuesto, que los gatos negros tengan la capacidad de incidir en el destino o en la fortuna.
Adolf Hitler creía, se dice, en los poderes mágicos del número siete. El príncipe Felipe de Inglaterra aparentemente golpea su casco de polo siete veces antes de empezar un partido y así, etc. etc. Puede definirse como una creencia no científica, basada en prejuicios mágicos, mitos o tradiciones populares, que tiene como efecto que se acepten explicaciones fantasiosas o sorprendentes para explicar ciertos hechos, por ejemplo, (tuvo mala suerte porque rompió un espejo y esto lo acompañará durante siete años) o se adopten actitudes (cruzar los dedos, persignarse, tirar las cartas, para adivinar el futuro, curar “el mal de ojo”, no casarse ni viajar en un martes trece, etc. etc., aprendidas mecánicamente, para evitar que ciertos acontecimientos ocurran, sin estar probada la relación causa-efecto entre ellas.
Todo esto puede parecernos más o menos pintoresco y generalmente inocuo. Pero, ¿es realmente así?. Ser crédulo no acarrea consecuencias gravosas. Las supersticiones son creencias que atribuyen efectos de buena o mala suerte a ciertas acciones, sucesos y cosas. Al creer en la superstición, la persona atribuye una relación causal entre acontecimientos a una fuerza sobrenatural.
Edmund Burke (Gran escritor británico) mantuvo en que: “La superstición es la religión de las mentes débiles”. Se puede definir por lo tanto que la superstición es la creencia contraria a la razón que atribuye una explicación mágica a la generación de los fenómenos, procesos y sus relaciones. Debido a que el concepto se define desde distintas cosmovisiones y sistemas de creencias, todos los contenidos estarán determinados por la posición científica o religiosa de quien los presente. Dimitri Mendeléyev (Gran químico ruso), pronunció en su momento esta frase: “La superstición es una creencia basada en la ignorancia”.¿ Realmente puede ser así o nó?.


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