El humorista Jardiel Poncela decía: “Si quieres ser feliz como me dices, no analices”. Y, en cierto sentido, llevaba toda la razón. La felicidad no se parece a la risa, no tiene tanto que ver con llegar a algún lugar, sino con seguir el rumbo que da sentido a nuestra vida. La felicidad es más paz interior que alegría. Cabe pensar que para ser felices también tenemos que vivir experiencias malas, si fuéramos felices constantemente no distinguiríamos la felicidad.
¿Qué es la paz interior?. Nos hace saber que la felicidad nada tiene que ver con el deseo de dejar de ser lo que cada uno es, sino, por el contrario, con ser auténticamente uno mismo. Nos hace saber que el camino que conduce a la deseada felicidad comienza siempre con la propia decisión de ser feliz, asumiendo la responsabilidad de esta elección. Es verdad que a medida que aumenta nuestro nivel de vida somos más exigentes, buscamos más y mejores satisfacciones, nos cuesta más sentirnos satisfechos.
En la vida real, la de todos los días, a pesar de nuestra quejas, las cosas difícilmente salen exactamente como deseábamos, y cuando se asemejan a eso, no ocurren en los plazos que habíamos imaginado. Muchas veces, la posibilidad fáctica o real de que nuestro deseo se cumpla en este momento es prácticamente nula. Lo cierto es que, en el mundo de lo cotidiano, siempre encontraremos dificultades, obstáculos y limitaciones para hacer realidad un sueño, cumplir un deseo o, simplemente, poder seguir nuestro camino sin perder el rumbo. No se trata de perseguir lo que no tenemos ni de fantasear sobre lo felices que seriamos si lo consiguiéramos. Se trata de comprender de una vez y para siempre que la felicidad depende de lo que sucede de la piel para adentro, mucho más de lo que ocurre de la piel para afuera. La felicidad la encuentra cada uno en su propio y personal camino y por qué es tan difícil que nuestro rumbo coincida al cien por cien con el de otros.
Ser feliz no significa que todo sea perfecto. Significa que has decidido ver más allá de las imperfecciones. Sören Kierkegaard (Gran filósofo danés), expresó esta frase: “La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más”.
PERE SERRET BESA


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