Todos en esta vida en un momento u otro hemos ocultado emociones. Ahora bien, esta es en realidad una costumbre muy nuestra, la de callar lo que duele, la de embotellar la ansiedad, los miedos y hasta los enfados. Poco a poco este ocultamiento deja de ser funcional para generar bloqueos, y con ellos, colocar obstáculos a la propia salud, a la familiaridad y a nuestro crecimiento personal. Sentimos porque existimos, esa es la sencilla realidad. Un sentimiento, una emoción nos da a la vida y reprimirla nos la va quitando poco a poco.
Ocultar las emociones es una forma de hacernos daño, porque en realidad esos universos internos son los que ponen dirección a nuestros deseos, pasos a nuestras necesidades para que en cada situación valoremos cómo reaccionar. Santosh Kalwar (Gran escritor, pintor etc. nepalés). Afrontó esta frase: “Camina como el león, habla como las palomas, vive como los elefantes y ama como un niño pequeño”. Quizá por ello, se educa a los niños en la idea de que llorar es sinónimo de inmadurez y que siempre será mejor tragarse las tristezas. Todas las emociones cumplen una misión: sin ellas, perderíamos nuestra capacidad de supervivencia. Reprimir en todo momento algunas puede llevarnos incluso a enfermar. Según he leído, la ciencia ha demostrado que esconder los sentimientos puede, en muchos casos, ser el origen de nuestras alteraciones. Nuestro estado anímico afecta directamente a nuestro cambio físico: ciertas emociones no solo producen malestar, también pueden activar el sistema nervioso autónomo y el endocrino.
Expresar la emoción implica ser consciente de lo que estamos sintiendo. Por ello es esencial reconocer nuestras emociones y repito, no reprimirlas. Nuestra mente no siempre es objetiva así que trata de alejarte de la situación y mirarla “desde fuera”. Es esencial que para poder “abrirte” debemos saber antes lo que nos ocurre. ¿Cómo reaccionar?. Pensar en cómo debemos responder en determinadas situaciones para que nos permita estar prevenidos ante ellas. Ahora bien, el miedo a no saber expresarnos bien lo que sentimos o a romper a llorar y mostrarnos flojos, también son motivos que pueden llevarnos a ocultar nuestros sentimientos. Debemos pensar siempre lo que queremos decir. Una vez que entendamos como nos sentimos, nos resultará mucho más fácil explicarlo. Algunas personas han dejado de mostrar sus sentimientos. Son tantas las experiencias que llevamos en nuestra mochila que, de un modo u otro, hemos aprendido a vivir en una represión constante, difuminando nuestros afectos, nuestros miedos o nuestras pasiones para amoldarnos a un estado de contención emocional. Joaquín Sabina (Cantautor ubetense) publicó una frase que hacía referencia a una paradoja del sentimiento de nostalgia. “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.
Pere Serret Besa