Francesc Palau, joven buscador

Escrit per Ester Díaz, Carmelita misionera.

El 7 de noviembre, celebramos la festividad del Beato Fco. Palau, hijo de Aitona, motivo por el cual le hacemos presente en los medios de comunicación y seguro que  con ello sintoniza, pues él vivió en este ámbito: Durante años fue director de un semanario de Iglesia. Por otro lado, con esta página continúo la reflexión del pasado año, entresacada de la Positio de Fco. Palau y de E.Pacho, una pasión eclesial en la qual habla el mismp P. Palau:

“Ampliar estudios en Lleida me vino muy bien para ensanchar, por dentro, mis capacidades y dar pábulo a mis sueños. Por fin, conseguí iniciar estudios en el seminario. Cuyo estilo resultaba más bien sombrío y rígido. Pero como yo lo había elegido, con tanto convencimiento, me parecía normal. 

Me encontré bien los primeros cursos. Silencio, convivencia con jóvenes y profesores, estudio,  atención a la vida interior configuraban un clima favorecedor para el despliegue del espíritu. En la medida que el tiempo transcurría, descendía ese nivel de bienestar.Pues en el contexto percibía incremento de factores en disonancia con mis sueños. 

Se imponía, por tanto, la reflexión honda y prolongada,  sobre un asunto de tanto interés para mí. 

Sí, sí con la formación se me habían despertado ideales superiores a los que el mismo seminario podía satisfacer.

Al cabo de cuatro años de permanencia allí, me di cuenta de que lo que entonces deseaba, de veras, era ser religioso. En concreto, carmelita. ¡Nuevo tramo en el recorrido!.

¿Que a qué se debió el cambio?. A la influencia que en mí ejercieron los carmelitas descalzos, censores -en el seminario-, a final de cada curso. Como otros, ellos formaban parte del tribunal de exámenes. Yo, los observaba.Y en mis escasas salidas de la institución, acudí a sus celebraciones. Así barruntaba, in situ, algo, de su forma de vivir. E incansable, continué buscando.  

Poco a poco se me fue desvelando la riqueza, e impulso que incluía la vida religiosa. En síntesis, su alto contenido evangélico. Por fin, acudí, en Lleida, a una acreditada novena, celebrada en honor del gran profeta Elías. Quedé hechizado por su figura. Vigorosa por endiosada.Tenía lugar en los carmelitas descalzos. 

Yo, me iba afianzando en mi convencimiento: lo mío era el carmelo de Teresa. Broche de oro a la prolongada búsqueda, lo concretó la lectura de su obra. La de Juan de la Cruz, también. De ellas me fascinó todo. En particular su empresa fundacional: formidable servicio a la Iglesia. Y en el día a día su forma de vivir. En concreto el clima de soledad, poblada por los hermanos. 

Pronto tropecé con la contrariedad de parientes y amigos. ¡Normal!. Es que ser sacerdote -entonces- era una auténtica promoción personal y familiar. Sí, sí. Las dos cosas, al mismo tiempo. 

Los religiosos, en cambio, vivían con mucha sencillez y hasta pobreza. Alejados de toda consideración y prestigio. Por ello, tanto su objetivo como su estilo de vida los encontraba más en consonancia con mis deseos.

La alagarada familiar tuvo su lado positivo. Reflexioné de veras. Escuché mucho, hablé menos, esperé y esperé. Demasiado, ya que hacía tiempo había tomado la irrevocable determinación: iniciar mi andadura en el carmelo de Teresa.

Ester Díaz, Carmelita misionera.

Comments (0)
Add Comment