Yo diría que efectivamente los tiempos cambian y nosotros cambiamos con ellos. Si hay algo que tiene la vida es que está plagada de cambios. El tiempo pasa y nunca vuelve atrás. Vivimos en constante cambio, en constante evolución, sumidos en rutinas estresantes, viendo cómo el tiempo se nos escapa de las manos sin que seamos plenamente conscientes de ello. El cambio es una constante en la existencia de cada persona, y sin embargo le tenemos mucho miedo. El cambio implica deshabituarse y salir de la zona de confort, y es por eso que muchas veces adaptarnos a la nueva situación se nos hace complicado.
La verdad es que las definiciones de tiempo tiene un denominador común que las une. Para la Real Academia de la Lengua Española, el tiempo es una “Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Su unidad en el Sistema Internacional es el segundo”. Steve Jobs (fue un inversionista y magnate empresarial estadounidense.), dijo en su momento: Cada día me miro en el espejo y me pregunto “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?. Si la respuesta es “no” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo”.
La vida, en ocasiones, nos obliga a hacer más de una renuncia. Y lo hacemos porque hay aspectos que nos compensan, porque en esa balanza equilibrada sigue estando parte de aquello que te hace feliz. No obstante, no siempre ocurre de esta forma. La balanza no siempre se mantiene en su punto de sutil equilibrio donde todos ganan y nadie pierde. Podemos a veces renunciar a lo bueno para lograr lo grandioso, podemos cerrar una ventana sabiendo que existe otra puerta; pero no lo des todo a cambio de nada, y aún menos debemos renunciar a todo aquello que nos hace feliz, con nosotros mismos.
Terencio fue un autor de comedias durante la República romana, y en muchas ocasiones manifestó: “Cuado no se puede lograr lo que se quiere, mejor cambiar de actitud”, aunque a veces también cabe decir que negarse a cambiar es la única forma de mantenerse firme. Y para terminar diría que no debemos de ser egoístas, tampoco de priorizar con demasía nuestras necesidades por encima de los demás. La vida, lo creamos o no, requiere acuerdos con uno mismo y con el resto de personas, pues ambos son igual de importantes. No es más feliz el que menos tiene, sino el que “más afectos, serenidad, equilibrio y amor” tiene en su interior. No estamos hablando pues de ganancias físicas, sino de riqueza emocional, ésa que deberíamos cultivar cada día de nuestra vida, aunque los tiempos cambien.
Pere Serret Besa


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