Sin embargo, pese a que la información está más accesible que nunca, el lector nunca antes ha estado con menos herramientas para poder comprobar la fiabilidad de los textos publicados.
Si bien es cierto que cada línea editorial tiene sus principios y sus valores para defenderlos, son muchos los profesionales que echan de menos el periodismo de antes, el de las exclusivas que llevaban una investigación de meses a sus espaldas para descubrir algún informe, noticia o caso que pudiera sacar a la luz cualquier tipo de escándalo que hiciera temblar los cimientos de algunos sectores que ostentan el poder.
“Cada vez se replica más a las agencias de información sin crear contenido propio. Eso hace que prácticamente haya medios que son clones, algo que repercute negativamente no solo con el derecho de la libertad de prensa sino también con la calidad de los contenidos a los que, pese al acceso universal, tienen los lectores y, por extensión, la sociedad” explican desde algunas facultades.
La necesidad de estar continuamente publicando noticias de última hora ha dado paso a un periodismo de minutos, lejos del periodismo de profundidad de las escuelas de mediados y finales del siglo pasado.
La nueva tendencia: financiarse con suscriptores
Pero no todo se puede achacar a la tendencia de la inmediatez. Aún quedan muchos periódicos dispuestos a dar guerra, a apostar por la investigación y a levantar los baldosines para encontrar la historia que vuelva a atraer lectores a su medio.
Salvo por un detalle. Eso conlleva un gasto y un tiempo que, actualmente, con la caída de la publicidad en los medios, complica las opciones.
Eso ha traído una nueva figura: el suscriptor. Lectores de una cabecera dispuestos a pagar por contenidos exclusivos que garanticen una profundidad, calidad y análisis que el día a día no permite.
“En realidad es volver a conseguir que el lector pague por la información. La red ha traído la falsa sensación de que la información es gratis. Y en parte lo es: ahí está la radio y la televisión. La diferencia es que en los diarios antes el lector iba al kiosko y compraba el ejemplar. Ahora espera leerlo sin coste en la red. Y eso lo hace inviable” explican desde algunos medios.
De ahí que se esté volviendo a apostar por ese tipo de piezas, pero solo para aquellos dispuestos a pagar por ella suscripciones mensuales o incluso anuales que, si se recuerda el precio del diario en papel, siguen estando por debajo del coste que tenían antes.
Es una nueva forma de hacer viable un periodismo cada vez más necesario, en el que son los lectores los que buscan contextos para ser capaces de emitir juicios con todos los elementos necesarios, sin que sean bulos o medias verdades. Sobre todo, sin que sean partidistas sino lo más objetivo posible.
Se acabó la opinión de cuñado, que sabe de todo y no profundiza en nada. Es el momento de volver a informarse, con todas las letras, con el periodismo que sirva de vehículo para formar opinión, que informe con profundidad, análisis, pruebas y certezas.