Actualmente, las mujeres controlan cerca de un tercio de los activos financieros globales y se prevé que en 2030 gestionen entre el 40 % y el 45 % de la riqueza mundial. Sin embargo, este crecimiento no siempre va acompañado de planificación estratégica ni de asesoramiento especializado, especialmente en momentos vitales complejos como herencias, divorcios o viudedad.
En este contexto, Carmen Pérez-Pozo aporta una visión experta sobre cómo la mujer está redefiniendo la manera de invertir, planificar y proteger su patrimonio, con un enfoque más prudente, estructurado y orientado al largo plazo.
- En su opinión, ¿cómo está cambiando el perfil de la mujer inversora en España?
El perfil de la mujer inversora en España está evolucionando de forma muy significativa. Hoy vemos a mujeres que no solo participan en la gestión de su patrimonio, sino que asumen un papel protagonista en la toma de decisiones financieras. Este cambio no es puntual, es estructural: actualmente las mujeres controlan aproximadamente un tercio de los activos financieros globales y se prevé que en 2030 gestionen entre el 40 % y el 45 % de la riqueza mundial.
Desde mi experiencia al frente de Grupo Pérez-Pozo, observo que la mujer inversora tiende a adoptar un enfoque más prudente, estructurado y orientado al largo plazo. Prioriza la estabilidad, la diversificación y la protección del entorno familiar. No busca tanto la rentabilidad inmediata como la coherencia estratégica y la sostenibilidad en el tiempo.
Este enfoque, lejos de ser conservador en sentido limitante, es inteligente: combina visión de futuro con gestión del riesgo. Lo que sí detectamos es que muchas mujeres desean complementar esa prudencia con formación y asesoramiento especializado para tomar decisiones con mayor seguridad y autonomía.
- ¿Qué ocurre cuando una mujer recibe una herencia o afronta un divorcio sin planificación previa?
Cuando no existe planificación previa, estos momentos pueden convertirse en situaciones de alta vulnerabilidad patrimonial.
En el caso de una herencia, el impacto no es solo emocional, sino también jurídico y fiscal. El Impuesto de Sucesiones debe liquidarse en un plazo breve —normalmente seis meses— y si el patrimonio heredado es ilíquido (inmuebles, participaciones empresariales), la falta de previsión puede obligar a vender activos de forma precipitada o en condiciones desfavorables.
En un divorcio ocurre algo similar: se produce una reorganización integral del patrimonio y, en muchos casos, la mujer pasa a gestionar directamente activos que antes no administraba. Sin un diagnóstico claro de la situación financiera —activos, pasivos, fiscalidad futura, capacidad de generación de ingresos— se corre el riesgo de tomar decisiones reactivas en lugar de estratégicas.
Por eso insisto siempre en que herencias, divorcios o situaciones de viudedad no deberían gestionarse solo como trámites legales, sino como procesos de reestructuración patrimonial que requieren una visión integral: jurídica, fiscal y financiera.
- Hay quienes dicen que la planificación sucesoria es una herramienta de empoderamiento financiero; en este sentido, ¿usted qué dice?
Estoy completamente de acuerdo. La planificación sucesoria es una de las herramientas más poderosas de empoderamiento financiero.
Planificar no es hablar de la muerte, es hablar de responsabilidad y de protección. Es decidir cómo se va a transmitir el patrimonio, en qué condiciones, con qué equilibrio entre herederos y con qué impacto fiscal. Es evitar conflictos futuros y garantizar que el esfuerzo de una vida no se diluya por falta de previsión.
Cuando una mujer planifica su sucesión, está ejerciendo liderazgo patrimonial. Está tomando decisiones conscientes sobre su legado, protegiendo a su familia y optimizando la fiscalidad. Además, convierte un posible foco de conflicto en una herramienta de estabilidad y cohesión familiar.
La verdadera autonomía financiera no se limita a generar riqueza, sino a saber estructurarla y transmitirla de forma ordenada.
- Y en cuanto a la autonomía económica femenina, ¿qué remarcaría?
Desde Grupo Pérez Pozo remarcamos que la autonomía económica no es solo tener ingresos propios, sino comprender, estructurar y proteger el patrimonio en su conjunto.
Muchas mujeres profesionales con alta capacidad de generación de ingresos no han integrado todavía una estrategia global que contemple fiscalidad, planificación sucesoria, protección frente a contingencias y optimización de inversiones. Y ahí es donde existe una gran oportunidad.
La autonomía real implica conocer la propia situación financiera completa, separar patrimonio personal y empresarial cuando sea necesario, prever escenarios adversos y tomar decisiones informadas. Es pasar de la gestión reactiva a la planificación estratégica.
Además, cuando una mujer consolida su independencia financiera, no solo se protege a sí misma, sino que fortalece la estabilidad de su entorno familiar y contribuye a un modelo económico más equilibrado y diverso.
- A efectos de consolidar la independencia financiera con visión de futuro, en su opinión, ¿qué sería necesario hacer?
Desde mi experiencia, consolidar la independencia financiera con visión de futuro exige cinco acciones fundamentales:
- Realizar un diagnóstico patrimonial completo: identificar activos, pasivos, ingresos, gastos y riesgos. No se puede planificar lo que no se conoce en detalle.
- Definir objetivos claros a corto, medio y largo plazo: independencia financiera, educación de los hijos, jubilación, legado, continuidad empresarial.
- Diversificar con criterio, equilibrando seguridad y rentabilidad según el perfil de riesgo.
- Planificar la sucesión y la protección jurídica: testamento actualizado, estructuras societarias adecuadas, seguros de vida que aporten liquidez, previsión fiscal.
- Contar con asesoramiento profesional integral e independiente, que combine derecho, fiscalidad y estrategia económica.
La independencia financiera no se improvisa, se construye. Y en un contexto en el que las mujeres están llamadas a gestionar casi la mitad de la riqueza mundial en los próximos años, anticiparse y estructurar el patrimonio con rigor no es solo recomendable: es imprescindible.